PENUMBRA

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PENUMBRA

¡Qué horror! ¡Qué oscuridad! En el Poniente

Hundid el pasado su esplendor de grana,

Y en sombra el alma busca en el Oriente

La luz del porvenir y aún no presiente

El claro alborear de la mañana.

Ni una luz en la noche centellea;

Tan sólo, en yago albor, rayos inciertos

Lanza á veces el fuego de una idea

Que, con funesta claridad, ondea

Sobre las tumbas de ideales muertos.

Quedó de los antiguos campeones

La hueca cavidad de una armadura,

Resto que arrojan cien generaciones,

Como el mar, en hirvientes convulsiones,

Del muerto caracol la vestidura.

Arrastrando los timbres señoriales

Rodó la alta cornisa por el suelo,

Y, como inmensas tumbas ojivales

Donde yacen antiguos ideales,

Góticas torres suben hacia el cielo.

La catedral sobrevió al creyente;

Mas si muerta la fe del alma queda,

¿Qué es el templo que al cielo alza la frente?

Armadura sin cuerpo que la aliente,

Concha sin vida que en la,playa rueda.

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¡Qué oscuridad! ¡Que horror! Sin fé ni guía

Caminar á los tibios arreboles

Que un alba vierte y que un ocaso envía,

Y en esta confusión de noche y día

Morir de sombra y frío entre dos soles.

Sentir dentro del alma el sacro anhelo

De un infinito, que persigue en vano,

Y lanzarse á las sombras de aquel cielo

Como el ave que va perdido el vuelo,

Como el nauta que rueda al Océano.

Sumergirse y volar: sentir que asciende

La sombra como asciende la marea;

Y subiendo, á la luz que el alba enciende,

Adelantarse, y ver como se extiende

Por el espacio azul la nueva idea.

Y al vértigo que causan las alturas,

Vacilar y caer, y en el vacío

Rodando, sumergirse en las negruras

De un hondo mar de excépticas tristuras

Que envuelve al corazón en sombra y frío.

Espantoso luchar, rudo combate.

De sombra y luz y de esperanza y pena;

Sólo la sacra inspiración del vate

Diera forma al horror que oculto late

Dentro de mí y el alma me envenena.

¡Formas! ¡Ay! Del ocaso en los fulgores

Contemplo á Atenas y su genio austero

Que inspira á Esquilo trágicos horrores,

A Anacreón la dicha en los amores

Y las hazañas bélicas á Homero.

Y unido á aquel fulgor agonizante

Miró también hundirse en el ocaso

La virgen á la par de la bacante.

Con el deísta Hesíodo, el triste Dante,

Y con Píndaro altivo, el tierno Tasso.

Los moldes rotos, la conciencia humana

¿Qué formas podrá dar al sentimiento

Si se agotó la inspiración pagana…

Y sólo queda de la fé cristiana

Las ruinas de un glorioso monumento?

Para cantar la angustia que me aqueja

¿Qué formas ¡ay! encontrará mi mente

Si ese, arte que en ocaso se refleja,

Es como el hueco caracol que deja

En la arenosa playa el mar hirviente?

Mas ¿qué importa que no halle en el concierto

De mi quejas, el ritmo y el encanto

De las formas de un arte que ya ha muerto?

Para verter las lágrimas que vierto

Me basta con sentir y tener llanto.

RICARDO BLANCO ASENJO

De su libro de poesías y poemas: PENUMBRA (1881)

IMPRENTA DE FERNANDO CAO Y DOMINGO DE VAL

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