Caricaturas.-No es casa de huéspedes.

nech1

Luis Taboada

dibujos

de

Ángel Pons

Madrid

Manuel F. Lasanta

Editor

Calle de Mesón de Paños, 8

1892

NO ES CASA DE HUÉSPEDES

Tilín, tilín…

—¿Quién es?

—¿Está la señora?

—¿Para qué la quiere usted?

—¿Yo? Para nada. ¿No es aquí donde se alquila un gabinete á un caballero solo?

—Sí, señor; pero la señora no interviene en esas cosas.

—Pues he leído en La Correspondencia

—Pase usted.

—Gracias.

—Esta es una casa muy decente.

—Me alegro. Conque á ver si nos arreglamos.

—¿Qué dice usted?

—A ver si me conviene el gabinete.

—¡Ah! Creí que se había usted figurado otra cosa. No vaya usted á creer que esta es una casa de poco más ó menos.

—¡Líbreme Dios de creer nada de eso!

—Es que ustedes los hombres piensan muchas veces lo que no es. ¿Conque usted viene á ver la habitación, no es eso? Pues aquí tiene usted el gabinete; por supuesto, debo de advertirle que sólo se alquila á una persona estable… ¿Es usted estable?

—Por tal me tengo.

—¿Fuma usted?

—Según y cómo; si me ofrecen un cigarro ¡ya ve usted! No voy á dar un desaire…

—Pero ¿no escupirá usted mucho?

—¿Adónde va usted á parar?

—Es necesario. La señorita me ha dado sus instrucciones, y yo las cumplo al pie de la letra. Ella, ¡ya se ve! No está bien que se ocupe de estas cosas. ¡La viuda de un juez de primera instancia!… Porque su marido era juez. Pues, como decía á usted, sucede que una amiga suya fué y puso un anuncio en La Correspondencia y le salió un huésped, que no es un huésped , porque la trata como si fuera de la familia y le da veinticuatro reales diarios por el gabinete y come con ella á la mesa. Como mi señorita tiene también habitaciones sobrantes, vamos al decir, no ha querido desperdiciar la ocasión… En fin, ya ve usted qué gabinete tan mono, con su buena sillería y su estera de cordelillo.

—No me parece mal.

—Como la señorita es tan decente, que puede que la haya usted oído nombrar, no se decide á abrir su casa á un cualquiera; y como hay tanto pillo por ahí… Estoy segura de que usted conoce á la señorita. ¡Vaya si la conocerá usted! La de Lucientes.

—No recuerdo…

—¡Pues si anda mucho por los periódicos! Aún no hace dos días salieron unos versos suyos en El Sabañón literario… ¡Y si viera usted qué pronto los ha hecho! Estaba yo guisando unas judías, porque se muere por las legumbres, cuando entró ella en la cocina á decirme que le fuera á comprar un cuadernillo de papel de barbas; y antes de que volviese yo con el papel, ya tenía ella escritos los versos sobre la tapa del fregadero. Dice que le entra la inspiración de pronto; y para que no se le vaya, escribe en el primero que encuentra á mano. El otro día, que tampoco tenía papel, me puso á mi un soneto en una enagua que acababa de traer la lavandera.

—¡Qué fecundidad!

—¡Es atroz! Ahora, entre ella y el hijo de uno que está empleado en el Ayuntamiento, andan componiendo una comedia. Y lo hacen para vengarse de las del cuarto principal, que son unas malas lenguas. A la madre la ponen en la comedia de chismosa y calumniadora que no hay por donde recogerla.

nesch3—Me alegro tanto.

—¿Las conoce usted?

—No, pero como si las conociera. Con que vamos á ver si me convienen las condiciones del alquiler.

—¡Ah! Es cierto. ¿Se retira usted muy tarde?

—No tengo hora fija.

—¿Canta usted? ¿Toca algún instrumento?

—No; pero aprenderé, si es necesario.

—Al revés; la señorita no quiere músicas en su casa. ¿Es usted soltero?

—Completamente.

—Bueno; aunque tenga usted relaciones amorosas, es lo mismo; fuera de casa puede hacer todo lo que se le antoje.

—Muchísimas gracias.

—Las condiciones son las siguientes: El gabinete es para usted solo, pero puede usted entrar en la sala cuando no esté en ella la señorita; también puede usted utilizar el comedor á las horas del almuerzo y la comida. Para comer se le darán á usted…

—Pasemos por alto lo de la comida, porque supongo que será como en todas partes.

—Nada de eso. En primer lugar, ya ha visto usted el anuncio de La Correspondencia que dice: “Una señora sola admite un caballero: No es casa de huéspedes.” ¡No es casa de huéspedes! Fíjese usted bien en esas palabras, no vaya usted á creer que aquí se admiten huéspedes; aquí se alquila un gabinete á un caballero, con asistencia ó sin ella, y nada más.

—¿Cree usted acaso que los huéspedes no son caballeros?

—Yo no entiendo de eso; la señorita lo ha determinado así, y como es de muy buena familia, no quiere sonar para nada.

—Pues que no suene.

—Este es el trato: chocolate por la mañana; huevos y un plato fuerte para almorzar; sopa, cocido, principio, pan y postres para comer. El vino es aparte.

—Corriente.

—Y por todo esto pagará usted veinticuatro reales, en mensualidades adelantadas.

—Bueno.

—¿Ronca usted?

—¿Vuelven las preguntas?

—No lo extrañe usted; todo el mundo desea saber qué clase de gente mete en su casa. En fin, aunque ronque usted, no importa.

nesch2—Es usted muy generosa.

—¿Y usted qué es?

—¿Yo? Riojano.

—No pregunto eso.

—¡Ah! Católico.

—Tampoco. Pregunto de qué vive usted.

—De lo que se puede, hija mía, de lo que se puede. Hoy por hoy soy empleado.

—¿Empleado? ¿Y no tiene usted nada por su casa?

—¿Pero es usted mi confesor?

—Ya le he dicho que cumplo el encargo de mi señorita… Un empleado está expuesto á que le dejen cesante.

—Sí, y á morirse de repente, y á que le coja un toro, y á que se le incendien los fósforos en el bolsillo… ¡es usted la mujer más preguntona del mundo!

—Yaya, no se incomode usted. ¿Se queda usted, ó no, con el gabinete?

—Me conviene. Estoy cansado de rodar por las casas de huéspedes, y como aquí, por lo visto, la dueña es una señora…

—Lo que es eso, puede usted decirlo en todas partes. Aquí hay una paz que da gusto. ¡Y una limpieza!… En cuanto le coja á usted cariño la señorita, va á tratarle á usted como si fuera su madre. ¡Es más buena! No sabe usted cómo se puso cuando se murió Chilín.

—¿Chilín? ¿Su esposo?

—No, señor, un gatito que le había regalado el director de un periódico donde ella escribía los versos. A poco más se envenena con el cardenillo de una palmatoria.

—¿Quién?

—La señorita. Le entró tal tristeza con la muerte del gato, que quería suicidarse y todo.

—Vaya, ahí tiene usted el importe de un mes adelantado. Dentro de una hora vendrán á traer mi equipaje. Abur.

—¡Eh, eh!… ¡Oiga usted! ¿Come usted todos los días? ¿Tiene usted perro? ¿Tose usted por las noches?… ¡Caramba! Se fué, y no he podido hacerle todas las preguntas que me había encargado la señorita…

………..

—¡Juana! ¡Juana! ¡Doña Teresa, doña teresa!…

—¿Qué se le ofrece á usted?

—¡Pero, señora, esta casa es un campo de Agramante!…

—¿Eh?

—¡Me gusta!… ¡Que no me lo han traído!

—Oiga usted! Yo soy una señora…

—No lo dudo; pero á mí se me trata peor que á un trasto viejo.

—No me falte usted, Rodríguez, que no estoy acostumbrada á oír insolencias.

—Ni yo á vivir en una pocilga.

—¡Pocilga!

—Sí, señora; esta no es casa; aquí no se puede dormir ni descansar; las chinches me devoran; ayer no pude tragar la sopa; anteayer me encontré un mechón de pelos en el guisado; aquí entra todo el mundo y se me revuelven los papeles, se me fuman los cigarros y se me registran los bolsillos. Este gabinete no se ha barrido, desde la semana pasada. En vez de vino, me da usted conocimiento de campeche. ¡Ya no puedo más!

—¡Señor Rodríguez! ¡Esta no es casa de huéspedes de las que está usted acostumbrado á frecuentar!

—No; pero es una perrera.

—¡Yo soy una señora! ¡Mi marido era juez de paz y ha actuado muchas veces como de primera instancia!

—¡Pues dele usted expresiones!

—¡Insolente!

—¡Bruja!

—¡Desvergonzado!

—¡Poetisa!

—¡A mucha honra! ¡salga usted de mi casa!

—Devuélvame usted el importe del mes adelantado.

—Yo no tengo nada que devolver á usted. ¡El hombre que me insulta no merece el menor sacrificio pecuniario! ¿Cree usted que soy alguna patrona vulgar que lleva las cuentas?

—No es usted patrona; es usted una hiena, una serpiente, un demonio…

—Voy á llamar á la pareja, porque se me está injuriando.

—¡Vaua usted al infierno!…

*

*    *

Moraleja:

Lector: no te fíes de las señoras que admiten un caballero y no es casa de huéspedes.

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2 pensamientos en “Caricaturas.-No es casa de huéspedes.

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