Penumbra.-EL CIPRÉS Y EL SAUCE

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EL CIPRÉS Y EL SAUCE

Á MI QUERIDO AMIGO BERNARDO ACEVEDO HUELVES

  Cuando llegue el plazo incierto;

Cuando el bronce toque á muerto;

Cuando con vidriados ojos.

Faz pálida y pecho yerto

Yazga mi cuerpo en despojos,

  Dénme en la tierra un rincón

Y encima, en vez de inscripción,

Hagan que broten después

Un sauce del corazón,

De la cabeza, un ciprés.

  Porque al esplendor postrero

Del sol, cuando en el otero

Sepulte su luz dorada.

Oiga al sentarse el viajero

Junto á mi tumba ignorada,

  Que el ciprés al cielo erguido

al viento lanza un gemido,

Mientras murmurando flota

El ramaje desprendido

Del sauce que el suelo azota.

  Y aquel viento que murmura

Del ciprés sobre la altura

Y del sauce en la caída,

Contará en mi sepultura

Los dolores de mi vida.

  Dirá el ciprés este anhelo,

Este afanar sin consuelo

De un alma que, en ansia loca

Como el ciprés busca el cielo

Y nunca en el cielo toca.

  Y el sauce, cuyo ramaje.

Del aquilón al coraje,

Contra el suelo se estremece

Y en desatado oleaje

El polvo arrastrando mece.

  Dirá que, en alto nacidas

Y hacia la tierra tendidas.

Las más puras ilusiones

Son ramas en polvo hundidas

Al soplo de las pasiones.

RICARDO BLANCO ASENJO

De su libro de poesías y poemas: PENUMBRA (1881)

IMPRENTA DE FERNANDO CAO Y DOMINGO DE VAL

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