CARICATURAS.-EL MARIDO DE LA CARACTERÍSTICA

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Luis Taboada

dibujos

de

Ángel Pons

Madrid

Manuel F. Lasanta

Editor

Calle de Mesón de Paños, 8

1892

Característica: Actor, y más comúnmente actriz, que representa papeles de personas de edad.

EL MARIDO DE LA CARACTERÍSTICA

Hélo allí, de conversación con el segundo apunte, mientras se visten las damas y los tramoyistas colocan la decoración del acto segundo.

Don Balbino, que así se llama nuestro héroe, es un ángel de Dios, un ser bondadoso y apreciable, que fraterniza con los carpinteros del escenario y es uña y carne de todos los comparsas; porque él no tiene orgullo, ni se da tono, ni le niega á nadie un pitillo.

—Don Balbino, eche usted una cerilla—le dice un asistencia, poniéndole la mano en el hombro.

—Don Balbino, hágame usted el favor de estirarme el casco por la parte de atrás—le dice un comparsa.

Y él se esfuerza por complacer á todo el mundo, á espaldas de su esposa, que en cuanto le ve de conversación con gente baja, como ella dice, ya le está haciendo señas y amenazándole con el puño cerrado.

Después, cuando consigue verse á solas con “aquel hombre sinvergüenza,” le coge por la solapa para lanzarle la siguiente filípica.

carac2—Venga usted acá, ¡so tío! Que no es usted más que un tío. ¿Le parece á usted bien que lo vean hablando toda la santa noche con esa gentuza? Tú no te haces cargo de nada, y así estás de lucido, que si no fuera por mí, no sé qué ibas á comer. ¿Ves que hable con los tramoyistas el marido de la Chicarro? ¿Ves que ninguna persona decente se esté las horas muertas fumando pitillos entre los comparsas?

—Pero, Hermógenes, ¿quieres que me dé tono?

—Lo que quiero es que tengas dignidad y no te rebajes, que al fin eres el esposo de una primera actriz… A ver, échame el aliento… Tú has salido á la calle, no me lo niegues.

—Yo…

—¡Hueles á vinazo! Estoy segura de que has ido á la taberna con alguno de esos perdidos.

Nadie sabe lo que sufre don Balbino con estas cosas, ni los suspiros que le cuesta su buena amistad con la gente del escenario. Algunas veces desahoga su pecho en el del segundo apunte, y éste, que es hombre de experiencia, suele decirle.

—Lo que tú debes hacer es darle dos trompadas, y ser hombre, y no dejar que te domine. ¡Pues qué! Es verdad que ella gana un sueldo decente; pero tú eres el marido, y todos los autores te reconocen, y aun ayer mismo estuvo Cano dándote broma, porque se te veían las mangas de la elástica.

carac3—Te diré: yo he dejado que tomara muchas alas, porque cuando me colocaron en Fomento, tuve una pulmonía y quedé muy débil, tanto que ella era quien me lavaba los pies y quien iba á hablar al Ministerio para que me dispensara las faltas de ortografía. De modo que cuando me repuse y quise coger las riendas, ya el mal estaba hecho, y entonces, en cuanto levantaba la voz, quería pegarme, y un día por poco me mata con una palmatoria.

Don Balbino penetra pocas veces en el cuarto de su mujer, adonde acuden los autores y amigos para despellejar á las demás actrices y hablar mal de la Empresa.

—Pase usted, don Balbino—suele decir alguno de los visitantes cuando le ve á la puerta del cuarto.

—Déjese usted estar—contesta la característica.—Ese no se sienta nunca… Oye, Balbino, busca al avisador y que te dé un poquito de agua fresca.

El pobre hombre baja al escenario en busca del dependiente de la empresa, y tiene que ponerse serio para que éste no le mande noramala (1).

—González, haga usted lo que le digo—grita todo enojado.—Vaya usted por un vaso de agua á la fuente del patio, que es para mi señora.

—¿Por qué no va usted?—contesta el otro.

—Lo que voy á hacer es dar parte á la Empresa, porque me está usted llenando mucho.

Sólo así con energía, consigue que González le obedezca, no sin refunfuñar durante media hora.

La esposa no sabe nada de estas insurrecciones y estos disgustos; que si no, ya hubiera cogido á su esposo entre dos puertas para decirle:

—¿Ves? ¿Ves lo que consigues con dar manualidades á esa gente? ¿Lo ves, grandísimo papanatas?

¡Pobre don Balbino! Puede decirse que no tiene momento bueno. Aun el otro día quiso tomar una papeleta para la rifa de un reloj que trata de enajenar el encargado del guardarropa; y en cuanto lo supo doña Hermógenes, fué á ver á éste, y le dijo:

—A mi esposo no tiene usted que venderle rifas, ¿ha entendido usted? Porque es un manirroto que, como no sabe ganarlo, cree que yo tengo el dinero para sus vicios; y valiera más que, en vez de andar con esas cosas, cuidara usted de los chismes de la escena, que ayer, en el parlamento del tercer acto, fuí á desmayarme sobre una butaca, y me clavé un muelle en este muslo.

A todo esto, don Balbino anda ocultándose detrás de los trastos para no ser visto por su mujer, porque sabe que si le descubre, va á decirle alguna inconveniencia delante de los comparsas, y no quiere que éstos le llamen calzonazos y cordero pascual.

Bastante disgusto le proporciona su mujer cuando, delante de algún autor ó de un abonado comienza á hacer la historia de su matrimonio, y exclama con acento de profunda amargura:

—¡Ay! Yo estaba tonta cuando me casé con éste. ¿Qué me faltaba en mi casa? Nada absolutamente, Papá era cordonero, mamá zurcidora, y yo vivía como una reina. Éste, que no era nada, comenzó á hacerme guiños, y yo me enamoré, porque tenía una dentadura muy hermosa y tocaba el violín regularmente. Después le emplearon, y al poco tiempo quedó cesante, porque jamás supo hacerse valer, y andaba siempre preguntando cómo se escribían las cosas. Hoy, ya lo ve usted, no tiene representación en el mundo, y, además, padece del hígado; de modo que sólo en agua de Carabaña llevo gastado un dineral.

Todo esto lo soporta don Balbino en silencio, porque no quiere que le suceda lo que á su amigo Ramírez, esposo de una segunda triple, que fué á Huesca con su consorte, y ella se volvió á Madrid, terminado su compromiso, y él se quedó por allá desamparado y solo, teniendo que dedicarse á tocar la guitarra para conseguir su alimentación.

Doña Hermógenes no quiere que su esposo carezca de lo necesario, y le trae bastante bien vestido, porque á lo mejor tiene que ir á dar los días á un autor dramático en nombre de su esposa, ó se encuentra entre bastidores con algún amigo de ésta, ó le llama el contador para negarle dos butacas que ha pedido, y no es cosa de que se presente hecho un guiñapo; pero en el domicilio conyugal las cosas varían esencialmente, y doña Hermógenes, antes de quitarse la mantilla, de vuelta del ensayo, ya le está diciendo en tono imperativo:

—Balbino, quítate toda esa ropa.

—¡Caramba! ¡Con el frío que hace!

—No me repliques. Mientras no tengas que salir, puedes ponerte esta manteleta mía, que ya no uso.

Y don Balbino anda por casa vestido como San Roque, y diciendo para sí:

—Es verdad que no me falta el sustento pero ¡qué cosa tan triste es la de estar casado con una característica!

(1).Adverbio poco usado: en hora mala.

Luis TABOADA

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2 pensamientos en “CARICATURAS.-EL MARIDO DE LA CARACTERÍSTICA

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