LA GOMBA

paraguay

   Así se llama un baile paraguayo, que toma su nombre del instrumento con que se compaña, no menos típico que la danza.

La gomba es algo así como un tronco hueco, ó una barrica cubierta con una piel muy estirada; algo como nuestras zambombas de Noche-Buena.

Se toca dando golpes sobre ella con ambos puños en las más grandes, y con unos palillos en las pequeñas.

La gomba tiene su origen en las costumbres primitivas de los guaraní, los primeros pobladores del Paraguay, los señores libres del campo, los indios que levantaban sus tolderías á orillas de la laguna Ipacaray, los arrogantes Mbayáes guazú, que corrían por aquellas cordilleras llenas de cocoteros y de palmas, por aquellas orillas cubiertas de amambays y de juncos, donde iban á beber tantos chajás y tantos mutús.

Mucho de la sangre de aquellos pobladores se conservaba indudablemente en las venas de los paraguayos y paraguayas que lucharon, con ciega fe y extraordinario entusiasmo, en aquella guerra memorable en la historia del Sud América, que se conoce con el nombre de la Triple Alianza.

Por espacio de varios años aquel puñado de hijos del Paraguay batalló con denuedo indescriptible haciendo frente á tres naciones, más poderosa y más fuerte cualquiera de ellas que el país de la laguna Ipacaray : la República Argentina, el Uruguay y el Brasil.

Las mujeres son tan sólo las que bailan las gombas; las mujeres del Paraguay, esas tentadoras americanas de ardiente sangre, vivos y penetrantes ojos y cuerpo flexible, que como las huríes del Profeta se nos presentan en su hamaca con el tipay y la sábana de ñanduty, especie de encaje de espuma que cubre su cuerpo, hasta cierto punto, adquiriendo muy justamente honores de verdaderas hadas.

La gomba tiene mucho en sus movimientos de la danza india.

Las bailadoras saltan que es un primor, dan vueltas y se agitan de una manera extraordinaria.

Los hombres, con los ojos clavados en los menores movimientos de las hijas de Eva, que rivalizan en resistencia, bailando sin más descanso que unos paréntesis hechos para beber algunos tragos de caña, celebran la agilidad de las bailadoras, que de cuando en cuando prorrumpen en vivas á San Francisco, santo en cuyo honor tiene lugar la fiesta proverbial de la gomba.

La danza paraguaya tiene, por consiguiente, mucho de las fiestas religiosas de los pueblos paganos.

Lo que las sacerdotisas y las bacantes, hacen en la cálida tierra sud-mericana que tiene por capital á la Asunción las bailadoras de la gomba.

Sustituyase el ídolo por un santo que representa á San Francisco; modifiqúense un poco los movimientos de los bailes de aquellas fiestas sacras y semi-sacras del paganismo; trasládese el lector al patio de un rancho del Paraguay, y tendremos aquellas célebres bacanales de que nos habla la historia antigua.

De rato en rato se hacen los honores al lunch, vamos al decir, y los jóvenes ofrecen roscas de maíz á las pollas, alternándolas con un poco de caña y otras menudencias tónicas y refrescantes; porque imagínese el lector lo que será bailar y agitarse de manera vertiginosa en una tierra abrasada por el sol de los trópicos, que apenas si permite que las damas de alcurnia lleven un ligerísimo traje de seda, que señala á veces hermosas formas que envidiaría el buril de la Venus de Milo.

Y á las copas de caña siguen las de licor de vainilla, y á éstas las lisonjeras frases de los caballeros y las miradas expresivas y prolongadas de las jóvenes, que entre la agitación del baile y la que experimentan por la presencia de algún dueño adorado, se convierten en unas máquinas de nervios inconscientemente movidas por una fuerza superior é irresistible.

Es de ver, pero muy de ver, á las interesantes paraguayas, de tez ligeramente trigueña pálida, negros y hermosos ojos, abundante cabellera y fresquísimos labios, bailar la gomba con un afán indescriptible, con algo parecido al vértigo con que nuestras compatriotas bailan el wals corrido en los grandes salones de la más alta aristocracia.

El Paraguay es un país interesante por más de un concepto, y al europeo que lo visita, todo le atrae; su limpio cielo, su sol tan radiante, sus costumbres; su corta, pero gloriosa Historia, llena de rasgos de un heroísmo numantino; sus mujeres llenas de fuego, de belleza y de vida; su exuberante vegetación, sus hermosos ríos, á cuyas orillas crece el bambú, sus fiestas y sus gombas.

Nada, por otra parte, más fantástico que la leyenda de la laguna Tapaicuá, que la forma el riachuelo cuyas aguas descienden de las cumbres del cerro Ibu y la reunión de arroyos tan importantes como el de San Lorenzo y el Jukyry, que se extienden por un espacio de cuatro leguas desde Tacuaral hasta más allá de Aroguá, donde nace el Salado que va al Paraguay.

Dice la tradición que la laguna Tapaicuá, charco en un tiempo, creció una noche y sepultó en sus aguas una porción de indios que vivían por allí entregados á los vicios más feos; catástrofe terrible que juzgaron los naturales del país como un justo castigo á la perversión de aquel pueblo, que sucumbió de pronto, de sol á sol, cuando dormía tranquilamente ó se entregaba tal vez á sus nefandos apetitos.

Y como quiera que se oyen de cuando en cuando por la noche ruidos y rumores muy raros que se parecen á la detonación lejana de un cañón, de aquí que la superstición de los indios se robusteciera y creciese, y tornando aquellos sonidos por la voz de los dioses indignados que profetizaban el exterminio próxima y total de los guaraní, huían despavoridos, si por acaso alguno se acercaba á pescar en las fatídicas orillas de la laguna Tapaicuá.

Así es la célebre leyenda paraguaya que relataron siempre los indios y le cuentan hoy al viajero que descansa por la noche en sus ranchos los hombres del campo, los legítimos herederos de las supersticiones de los primeros pobladores del Paraguay, los que conservan mucho de su carácter y no poco de sus alientos y su imaginación fantaseadora.

Y sin darse uno cuenta, al escuchar la gomba y ver el baile y contemplar los ojos de las paraguayas, en los que se refleja el sol que adoraban los indios, viene á la memoria la historia primitiva del Paraguay, con sus misterios y sus hazañas, sus tradiciones y su leyenda de la laguna Tapaicuá.

No existe familia en la Asunción, en Luque, en cualquiera de las ciudades, pueblos y aldeas del Paraguay, que no llore alguno de sus miembros muerto en el campo del honor en defensa del territorio en que viese por vez primera la luz del día; como ninguna hay que no cuente entre ellos algún bizarro defensor de su independencia, de su querida patria, de su hogar, de sus hijos ó de sus padres, en la guerra de la Triple Alianza.

Cuando el viajero, al visitar ese país, pequeño por su extensión, grande por el aliento de sus hijos, gigante por sus hechos hermosos, mira una cicatriz, un miembro mutilado, un rostro curtido, una cabeza blanqueada en edad prematura, al acordarse de la última guerra siente su alma estremecerse, experimenta una sensación inexplicable, y el primer movimiento instintivo es llevarse la mano al sombrero para saludar con veneración á un esforzado patriota, á un héroe legendario, que hermosea muchas veces una belleza femenil, porque el soldado ha sido una mujer con toda el alma de los países americanos , con la misma que en la fiesta de San Francisco baila la gomba al son del instrumento que ya sabemos, con el mismo ardor que se arrojó sobre el enemigo en la guerra al sonido de los clarines y al estruendo de los cañones.

PEDRO SAÑUDO AUTRAN

NARRACIONES ESPAÑOLAS Y AMERICANAS, 1886

Anuncios

Un pensamiento en “LA GOMBA

  1. Pingback: EL ZORTZICO | Contemporáneos de V.M. de la Tejera

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s