CARICATURAS.—LAS CAMARERAS

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por

Luis Taboada

dibujos

de

Ángel Pons

Madrid

Manuel F. Lasanta

Editor

Calle de Mesón de Paños, 8

1892

LAS CAMARERAS

Desde que la industria moderna, en sus inescrutables designios, ha suprimido en los cafés el elemento patilludo, que con más o menos aseo subvenía á las necesidades humanas del parroquiano, sustituyéndole con muchachas de mirada expresiva y formas correctas, los seductores de profesión acuden á los establecimientos donde se ha realizado la reforma, y con el fuego de sus miradas van destruyendo poco á poco los corazones de la servidumbre.

Hay joven hortera que se pasa el domingo delante de un velador, apurando copas, para que vean las chicas que sabe tirar un duro y que está muy acostumbrado á la absorción de toda clase de bebidas espirituosas.

Creen algunos que para conquistar el corazón de una camarera, lo primero que se necesita es aparecer á sus ojos como un tunante de siete suelas.

—¡Antonia!

—¿Qué va á ser?

—Cognac.

—¿De tres estrellas?

—De todas las que haya. Cuanto más fuerte, mejor.

—¡Caramba! Debe usted tener quemada la asadura.

—Yo soy así.

—¡Buen perdío está usté, mayormente!

Esta frase entusiasma al joven parroquiano, que dirige á la camarera miradas de intención corrompida y murmura á su oído picardías gordas.

El joven va dejando sin sentir el sueldo del mes en manos de aquella chica, á cambio de algunas copas de cognac, que se le suben á la cabeza, y de una que otra sonrisa benévola que ella le dirige para no perder el consumidor.

¡Y que feliz se considera el parroquiano, cuando algún amigo, le pregunta:

—Pero chico, ¿donde te metes? ¡No te veo ninguna noche!

—¡Psch! ¡Cosas de la vida!… —contesta él con cierto orgullo mal disimulado.

—¡Buen tuno está tú!

—Ya conoces mi flaco… ¡Tengo ahora una camarera rubia!… ¡María Santísima qué mujer!

—¡Ah, pillo!

—Ya sabes cómo soy,

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Bien sabe Dios que la camarera está chaláa por un chato de la clase de chulos atrasaós, con el cual reparte las propinas del café, y aun tiene muchas veces que empeñar prendas de su uso para que el chato pague lo que debe.

Pero el señorito es feliz con sólo mirar á la camarera y oír que ella le llama “tunante” y “mala persona” y “comprometedor”

Lo probable será que llegue el verano, y el otoño, y el invierno, sin que el señorito vea colmados sus proyectos, y eso que no se mete una sola vez en la cama sin decir alegremente:

—Lo que es el domingo, me la llevo á merendar á las Ventas… y después…

En los cafés servidos por camareras abundan también los jóvenes tímidos, pero de intenciones pecaminosas.

Éstos llegan al establecimiento, se colocan delante del velador, y hacen sonar las palmas con mucho cuidado, como si temieran molestar á alguien.

Cuando acude la camarera le dicen:

—Joven, ¿tiene ustez la bondaz de servirme un café?

Al traerle las cafeteras, murmuran:

—¡Caramba! ¡Qué mano tan blanquita!

—¡Vamos! No sea usted guasón, hombre—contesta la aludida.

—No ha sido mi ánimo faltarla en lo más mínimo.

—¿Quiere usted más leche?

—No se moleste ustez

carica4Y le lanzan miradas oblicuas , que no cesan en toda la noche; después sacan una peseta, y dicen tímidamente:

—Cobre ustez, joven.

—Sobran cincuenta céntimos.

—Guárdeselos ustez.

—Tantas gracias.

—No las mereces… ¿Es ustez de Madriz?

—Sí, señor.

—¡Caramba! ¡qué casualidad! Yo también. ¿Tiene ustez madre?

—Pues, hombre, ¿quiere usted que hubiera nacío sola?

Esta respuesta conturba el ánimo del señorito, que sale del café dando tropezones; pero pronto acude á su mente la reflexión; y piensa en volver al otro día para decirle las cosas bien claro.

Á él la chica le gusta, pero siente un rubor.

En fin, que se contenta con tomar su café diariamente y dar á la camarera dos reales de propina, hasta que una noche, después de envalentonarse con tres copas de anís del Mono, espera á la chica en la calle y se arranca por derecho.

—¿Quién es este mico?—pregunta un chulapo acercándose á la chica.

—Es un parroquiano—contesta ella.

—Le voy á dar dos patás en la tripa—dice el chulo.

Y el parroquiano no para de correr hasta sucasa, donde dice melancólicamente:

—¡De buena me he salvado!… ¡Demonio!…

No valía la pena de haber puesto camareras en los cafés. ¡Casi me gustan más los mozos!

Luis TABOADA

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2 pensamientos en “CARICATURAS.—LAS CAMARERAS

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