Un liberal pasado por agua (9).-LA NOCHE BUENA DEL PROSCRIPTO. A MI MADRE.

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Continuamos compartiendo la obra que escribió el gran poeta Manuel del Palacio durante su destierro en Puerto Rico.

Pueden leer el comienzo de Un liberal pasado por agua aquí.

Como siempre, los comentarios sobre la obra están, extraídos de la magnífica tesis doctoral sobre la obra de Manuel del Palacio realizada por Francisco Javier Voces Ergueta.

La Noche buena de un proscripto. A mi madre”. Homenaje y tierna evocación de su madre en el aniversario del nacimiento del escritor, donde queda patente su amor filial. Poema con claro predominio de sustantivos respecto a las demás categorías gramaticales; en menor medida destacan los verbos. No abundan las figuras literarias: varias metonimias, figuras patéticas –exclamaciones en interrogaciones retóricas–. Composición entrañable, sin ser de gran valor poético, que discurre fácil y fluida. Se muestra profundamente afectado por el destierro, aunque se confiesa a la par “abierto siempre a la esperanza”.

LA NOCHE BUENA DEL PROSCRIPTO.

A MI MADRE.

A través de los vientos y los mares,

¡madre del alma mía!

estos dulces y lánguidos cantares

mi corazón te envía.

Lleguen amantes á tu hogar tranquilo

las tiernas bendiciones

del que hoy evoca en solitario asilo

perdidas ilusiones.

Noche de amor, de paz y de ventura

es esta para el mundo;

noche para mí solo de amargura

y de pesar profundo;

Muchas cual ella en loco desvarío

me sorprendió la aurora;

aún las recuerda el pensamiento mío

y el corazón las llora.

Niño y feliz al porvenir mirando

alegre sonreía,

y de tu grata voz al eco blando

gozoso me dormía.

Mas tarde, cuando huérfano y doliente

corrí en pos de la gloria,

vivos guardé en mi pecho y en mi mente

tu amor y tu memoria.

El huracán del tiempo y de la vida

hoy me combate rudo;

yo dudo hasta del bien, madre querida,

solo de tí no dudo;

Errante corro el áspero camino

de una ventura incierta,

como otro tiempo el bardo peregrino

erró de puerta en puerta.

Mas ni me aterra el fin de la jornada

ni en ella retrocedo,

que dióme el Cielo al par conciencia honrada

y corazón sin miedo.

Puede abatir el infortunio insano

mi cuerpo ya sin brío;

no abatirá el esfuerzo soberano

del pensamiento mío.

Caerán del pedestal que les sujeta

altos ídolos huecos,

y aun brotarán del arpa del poeta

los misteriosos ecos.

¡Madre! aunque piso por do quier abrojos,

no mi fortuna llores;

mientras la luz del Sol copien tus ojos

¿qué importan mis dolores?

Noche de bendición es la que avanza;

feliz para tí sea;

mi pecho abierto siempre á la esperanza

no abriga mas idea.

Noches vendrán en que la edad de niño

recordaré á tu lado;

gloria de esa niñez fué tu cariño,

él vive, ella ha pasado.

Mas renace en el alma donde existe

al eco de esa gloria,

cuando iluminan su sepulcro triste

tu amor, y tu memoria.

 

Ponce. 24 diciembre 1867.

Manuel del Palacio.

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LA PRIMAVERA.

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