El mundo del crimen.- XIV

EL

MUNDO DEL CRIMEN

RESEÑA TÍPICO-HISTÓRICA

DE LA CRIMINALIDAD MODERNA EN TODO CUANTO ABARCA EL CÓDIGO PENAL

POR

DANIEL FREIXA

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XIV

Ya no esperé más.

Púseme de acuerdo con el activo jefe de orden público D. Francisco Melero, ex-juez y persona práctica en alto grado en asuntos de la índole del que se trataba y, previo un mandamiento del juez competente para poder proceder contra aquellos bandidos aristocratizados por la fortuna propia y la ignorancia ó candidez ajenas, nos presentamos á las dos de la madrugada del día 3 de febrero en el domicilio de M. D… debidamente acompañados de los correspondientes guardias, escribiente, etcétera, etc.

Sin ignorar que estaban en casa los señores á quienes íbamos buscando, es decir, MM. D… y Van-Dam y la supuesta esposa del primero, llamamos sin estrépito á la puerta.

Nadie contestó.

Volvimos á llamar después de pasados unos dos minutos.

El mismo silencio.

Al llamar por tercera vez y ya de una manera más marcada, se oyeron perfectamente pasos atropellados de una parte a otra, palabras y exclamaciones en voz bastante baja para que no alcanzásemos á entenderlas desde el exterior, la abertura y cierre de cajones ó armarios… etc., etc.

Por supuesto que todo ello tuvo lugar en menos tiempo del que se necesita para apuntarlo, pues resueltos nosotros á no concederles más tiempo que el que la ley previene para casos tales, llamamos con la insistencia y tono propios de quien está resuelto y obligado á entrar en cumplimiento de un deber ineludible.

M D… que estaba cuando menos tan al corriente como nosotros de lo que podía suceder en caso de una insistencia inútil, exclamó en español y como contestando á los que parecían querer disuadirle:

—No, no: yo mismo quiero abrir. Veremos quien es el que se atreve a llamar de tal manera y forma en el domicilio de un ciudadano honrado á semejante hora.

—¿Quién va? preguntó desde adentro con firme acento.

—La autoridad, contestamos con el seguro aplome de quien tiene el derecho más absoluto de hacer lo que hace.

—¿A tales horas?

—A tales horas.

—Supongo, dijo con acento menos altivo que la primera vez y procurando formular la palabra de manera que no se trasparentase la excitación nerviosa que le dominaba, supongo, repitió, que irán ustedes debidamente escudados con un mandato de juez competente.

—En cumplimiento de su mandato.

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Al oír esta contestación abrió por sí mismo la puerta.

—Franqueo la entrada en mi casa, á pesar de lo intempestivo de la hora, al representante de la ley cuyo mandato…

—Está aquí, dije interrumpiéndole y poniendo de manifiesto el auto.

En esto apareció la señora brillantemente prendida todavía y como satisfecha,en medio de su patente emoción.

—Qué es ello, ¡Dios mío! y estrechó convulsivamente la mano de M. D…

Aquel apretón de mano suponía, á mi entender, cierta inteligencia. Además, con el aire que entró en la habitación al presentarse la gallarda dama, llegó hasta nosotros cierto olor indudable de papel quemado.

—¿MM. D… y Van-Dam? pregunté.

—Estos son nuestros nombres, dijo el primero señalando con la mano al joven ingeniero que aparecía en aquel momento.

—Deben ustedes venir en nuestra compañía después de registrar á su presencia minuciosamente la habitación.

—¡Esto es un atropello! exclamó M. D…

—¡Un abuso sin nombre! continuó Van-Dam.

—¡Una infamia! concluyó la llorosa y excitada dama.

—¡El cumplimiento de un mandato superior! Exclamé á mi vez con seguridad, pero sin altanería y como no haciendo el menor caso de la inconveniencia de sus exclamaciones.

—Soy una persona de honradez intachable…

—No ha de serle á usted difícil de probar, siempre que así sea, dije yo interrumpiendo á M. D… resuelto á no perder tiempo y á no discutir lo indiscutible.

Se le pidió entonces la cédula personal que no pudo presentar no sé con qué pretexto, luego la escritura social que tampoco existía y su titulo de Ingeniero del que carecía también.

Lo único que se nos ofreció fueron unas tarjetas del joven alemán en las que se leía:

J. FOURNAY VAN-DAM.

INGENIERO.

Desengaño 6, Madrid.

Registrada la casa, se encontraron varios planos y algunos libros pero nada en regla ni como exige el código, pues no llevaban Diario ni Mayor ni siquiera libro de Caja.

Se les exigió que abrieran una magnífica Arca de guardar caudales, cuya operación verificó por su mano el mismo M. D…

Esto fue en realidad lo mas admirable: Jamás había yo visto reunidos tantos valores juntos en tan poco espacio.

Puedo decirlo sin exageración. El arca que acababa de abrir M. D… rebosaba riquezas por todas partes. Títulos de la deuda y de un sin número de sociedades de dentro y fuera de España, billetes de diferentes bancos así del Nacional como de los de Italia, Francia é Inglaterra, buen número de taleguitos de oro acuñado, algunas papeletas de plata y un verdadero tesoro en joyas, perlas, brillantes y otras piedras preciosas.

No quisimos contar ni avalorar, y mucho menos, hacernos cargo de tanta riqueza, y resolvimos cerrar nuevamente la caja entregando la llave á la señora de D… ó, mejor, a la que se presentaba como tal, pero dejando en su compañía un guardia de vista.

Entre tanto los señores más ó menos ingenieros ó ingeniosos MM, D… y Van-Dam fueron conducidos en distintos coches y convenientemente custodiados á la Cárcel modelo donde, por de pronto, sustituyeron sus elegantes trajes por el capuchón de reglamento. La señora fue trasladada al Hotel de París por indicación suya donde se puso á su disposición uno de los mejores cuartos del establecimiento.

Allí fué visitada la tal señora por un joven médico de la Cárcel modelo; gracias á cuya estratagema se logró saber que M. D… estaba en relaciones intimas con cierto banquero de la calle de la Montera, con uno de los más conocidos de nuestros generales, con el conde de X, y otros varios y distintos personajes de los que más figuran en la Corte.

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A los pocos días supe que el señor Juez que entendía en la causa de ambos procesados les había exigido una fianza de 115,000 pesetas.

Continúa:  M. D…… (XV) (conclusión)

Para no perderse en

EL MUNDO DEL CRIMEN

Introducción.

Advertencia.

Capítulo D. M…. (I,II,III y IV)

Capítulo D. M…. (V y VI)

Capítulo D. M…. (VII y VIII)

Capítulo D. M…. (IX y XI)

Capítulo D. M…. (XII y XIII)

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