El mundo del crimen.- M. D…… (XII y XIII)

EL

MUNDO DEL CRIMEN

RESEÑA TÍPICO-HISTÓRICA

DE LA CRIMINALIDAD MODERNA EN TODO CUANTO ABARCA EL CÓDIGO PENAL

POR

DANIEL FREIXA

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XII

El día en que tuvo lugar nuestra indicada entrevista última, encontramos a Mme. D. como por casualidad en el gabinete de estudio de los famosos ingenieros en el cual penetramos como entrantes de la casa y sin que el criado nos anunciara, pues éste, que á lo que parece sabía muy bien su obligación, hiciese otra cosa que levantar el pestillo de la mampara que separó ligeramente, diciendo:

—Están trabajando.

Efectivamente.

Dos o tres auxiliares, al parecer delineantes, estaban dando la última mano a los planos que debíamos recoger mientras M. Van-Dam estaba, según dijo, esbozando otro trayecto en el que entraba como principal obra de fábrica un grandioso puente de hierro para cuya construcción, según dijeron, tenían dos proposiciones muy ventajosas hechas por una casa inglesa y otra belga.

Dada la perentoria ocupación de unos y otros se nos suplicó que, como ya de casa, aguardáramos unos instantes, encargándose la señora con acento y educación franceses pero en inteligible lenguaje castellano, de sostener la más entretenida y galante conversación que pudiera exigirse de la dama más distinguida é inteligente así en negocios, como en artes mecánicas y nobles.

Se habló de teatros, de puentes, de alcantarillas, de Miguel Ángel, del Ticiano, de Velázquez, de Fortuny, del rey, de Piquer, de Gustavo Doré, de la República francesa, de Shara Bernhardt, del imperio alemán, de las industrias belgas, españolas y francesas. Total: que en una hora escasa nos dijo aquella señora más cosas que habíamos leído en veinte años en cuantos libros y periódicos habían caído en nuestras manos prescindiendo de política, gacetilla, anuncios oficiales y pornografía.

No sé si he de confesar que tanto mi compañero como yo estábamos confundidos; que él apenas dijo dos docenas de palabras que no fuesen de admiración, mientras me felicitaba interiormente del papel de segundo que tan á gusto venía representando, sobre todo en la parte de la farsa á que en este momento me refiero. No era la señora de D… lo que se llama una hermosura; pero sí aseguro desde luego que resultaba un dechado de belleza, elegancia, distinción, ilustración y buen gusto del que, cualquiera, que no estuviese en el lugar en que las circunstancias me habían colocado, había de enamorarse impunemente.

XIII.

Entre otras de las investigaciones que para conocer bien á mi gente y asegurar el golpe, fue objeto de la especie de comedia de que acabo de dar cuenta, la de interrogar á cierto joven que vi salir un día de la consabida casa. Tendría éste como veinte y dos años, era estudiante y vivía en una casa de huéspedes de la calle de Peligros. Procuré ganarme su amistad y confianza y supe por él, que había recibido de su padre una suma de sobre 30,000 duros que dicho joven había entregado al francés en fianza de los trabajos de explanación de un trozo de vía que se había encargado su padre de efectuar.

Con motivo de lo dicho y después de saber de otros que si no habían sucumbido iban á ser víctimas de la que yo suponía grande estafa, hice un viaje á la vecina República para evacuar cierta comisión que procuré que se me confiara, con lo cual logré las noticias que acerca de las casas de París y Bayona necesitaba para la completa, convicción de mis sospechas. Al mismo tiempo conseguí llevar á feliz término la misión que tuvo á bien fiar a mis escasos merecimientos, el que era entonces celoso gobernador de la villa y corte de Madrid, Excmo. Sr. D. Raimundo Fernández Villaverde. En la misma época un amigo mío que representa hoy en la corte una importantísima casa de comercio norteamericana, me presentó á cierto caballero alemán, muy buena persona según dijo, quien no sin cierta repugnancia, pues le disgustaba hablar del particular, acabó por confesarme que había sido victima de aquellos señores, contra las cuales no quería acudir, porque de la manera como se realizó la añagaza y dadas las evasivas que ofrece la ley á quienes es de suponer enterados de todos los atajos y salidas más ó menos vulnerables de la misma, tenía la plena convicción de no poder conseguir otra cosa que la pérdida del tiempo y del dinero necesarios á una tramitación no corta, al fin de la cual podía resultar fácilmente condenado con costas.

Continúa: XIV

Para no perderse en

EL MUNDO DEL CRIMEN

Introducción.

Advertencia.

Capítulo D. M…. (I,II,III y IV)

Capítulo D. M…. (V y VI)

Capítulo D. M…. (VII y VIII)

Capítulo D. M…. (IX y XI)

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Un pensamiento en “El mundo del crimen.- M. D…… (XII y XIII)

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