Un liberal pasado por agua(7).-Los pobres.

alasalto

Un liberal pasado por agua(7).-Los pobres.

Continuamos compartiendo “Un liberal pasado por agua”, obra que escribió el gran poeta Manuel del Palacio durante su destierro en Puerto Rico.

Pueden leer el comienzo de Un liberal pasado por agua aquí.

Cómo siempre, los comentarios sobre este capítulo están extraídos de la magnífica tesis doctoral de Francisco Javier Voces Ergueta sobre la obra de Manuel del Palacio.

Hambre.- Los autores tienden a atenuar la crudeza del tratamiento de este tema con el humor. Es de reseñar que este motivo aparece en diversos pasajes sentenciosos, y en otros de carácter moralizador

–“Los pobres” es una diatriba contra la miseria económica y moral que aflige al país. Es de notar que comienzo y desenlace están en disonancia con la idea central por su carácter bufo, irónico, y antipoético.”

¡Comer ó no comer! Ecco il problema,

como dice el gran trágico italiano

en el de Shaspeare inmortal poema.

¡Comer! Ensueño para muchos vano,

término del estudio y los afanes

que tanto agobian al linaje humano.

Quien dice por desprecio ganapanes,

ese retrata el siglo en que vivimos,

flacos y gordos, damas y galanes.

Si no lo somos hoy, ayer lo fuimos,

y si ayer no lo fuimos, lo seremos,

que con esa misión aquí vinimos.

¡Comer! Raro será, pero aún lo hacemos,

aunque (¡Dios no lo quiera!) si esto dura,

pronto limosna en verso pediremos.

Mas cada vez la situación apura,

y según profesores eminentes,

el mal de este país no tiene cura.

Pues ha probado en hechos muy recientes

que ideas, esperanzas, ilusiones,

todo le falta ya, menos los dientes.

Pero ¿á qué dientes, donde no hay jamones?

¿de qué sirve tener un frac de moda

si no se tienen luego pantalones?

¡Pan! es el grito de la gente toda,

y hasta hay quien por el pan de cada día

recibe con placer el pan de boda.

Y si trocaran pan por hidalguía,

de esta tradicional virtud ibera

pronto ni aun el recuerdo quedaría.

Pobreza es la deidad que hoy aquí impera,

pobreza de entusiasmo, de bolsillo,

de fé, de corazón y de mollera.

Sale del aula apenas un chiquillo,

y en vez de enamorarse y vestir majo,

como hiciera en mis tiempos el mas pillo,

se declara enemigo del trabajo

y busca en la política el recurso

que lleva á lo mas alto lo mas bajo.

Con hilvanar dos trozos de un discurso

y saberse indignar cuando conviene,

excitando las iras del concurso,

seguro porvenir el niño tiene,

sobre todo si apoya la doctrina

que el espíritu público condene.

Y aquel, mal ayudante de cocina,

que le da por hincharse como un pavo,

porque explotó con fruto alguna mina,

¿no es un pobre también al fin y al cabo,

si á pesar de la piel de tigre fiero,

del jumento infeliz enseña el rabo?

¡Cuánto pobre conozco con dinero,

que en la cárcel fatal de su egoísmo

vive perpetuamente prisionero!

¡Cuánto grande modelo de civismo,

que al recordar sus timbres y su gloria,

acaba por burlarse de sí mismo!

¡Qué ciencia tan magnífica es la historia,

y qué noble virtud la consecuencia,

y qué precioso amigo la memoria!

Mucho afrenta el callar por indolencia,

pero rendir á la verdad, sin miedo,

el justo galardón de la conciencia,

empresa es tal, é implica tal denuedo,

que solo se disculpa á la inocencia…

y ya sabéis que yo me mamo el dedo.

Puerto rico hacia1868

Manuel del Palacio.

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