Un liberal pasado por agua(3).-Al llegar á América.

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Un liberal pasado por agua(3).-Al llegar á América.

Obra que escribió el gran poeta Manuel del Palacio durante su destierro en Puerto Rico.

Pueden leer el comienzo de Un liberal pasado por agua aquí.

Los comentarios sobre la obra están, extraídos de la magnífica tesis doctoral de Francisco Javier Voces Ergueta sobre la obra de Manuel del Palacio.

Al llegar á América”. (15 de junio de 1867).

Pide a América ser bien tratado y refiere las penalidades pasadas desde su detención.

Es característico el dialogismo en el autor, en su esfuerzo por acercar los asuntos que trata al lector y vivificarlos.

Realiza una visión objetivada de sí mismo en la relación de sucesos y no renuncia a ser irónico y burlón en momentos amargos.”

Al llegar á América.

Tus puertas abre, señora,

al cansado peregrino,

que de la mar llega ahora

por azares del destino,

y á la manera de un bulto

consignado viene á tí.

Acógele en tu regazo

como madre compasiva,

y pueda en un breve plazo

disfrutar con ansia viva,

de la ventura y la calma

que se respiran aquí.

Tranquilo se hallaba y libre,

hasta donde puede estarlo

un hombre de su calibre,

cuando fueron á sacarlo

del lecho en que reposaba

á eso del amanecer.

Y sin decirle una frase,

como aquel que en el sainete

apaga la luz y váse,

le pillaron entre siete,

y dieron con su persona

en un coche de alquiler.

Pronto las brisas suaves

que vienen de las afueras,

y el gorjeo de las aves,

y la voz de las lecheras

que venden en las esquinas

líquidos al pormenor:

Le enteraron del destino

y dirección que llevaba;

y al acabar su camino

vio, sin sorpresa, que estaba

en frente del Saladero

y al lado de un inspector.

Abrió las puertas un mozo

tan esbelto como rudo,

y en el mismo calabozo

que ilustrara Cabezudo,

y otros muchos literatos

de su vuelo y su magín:

Allí fué donde metido

me tuvieron largas horas,

dulcemente entretenido

repasando las doloras,

que llenaban las paredes

de castellano y latín.

Renuncio á pintar los goces

de aquellas horas felices;

aturdido por las voces,

blindado por las narices

para evitar los efluvios

de la atmósfera local:

Dormíme á muy poco rato

sobre la tarima dura,

y fué mi sueño tan grato

que aún evoco su dulzura,

como el niño que recuerda

la paliza maternal.

Después, y á los pocos días,

dio el tren en Cádiz conmigo;

adiós, muertas alegrías,

adiós, seres que bendigo;

el fardo de mi existencia

va á pasar á otro almacén.

A América destinado

va por mi contraria suerte,

mas si no llega averiado,

y no llegará, que es fuerte,

acaso, cuando allá vuelva,

lo paguen algunos bien.

Ese soy yo, y así vengo;

recíbeme pues, amante,

con lo poquito que tengo

que ¡ojalá fuera bastante!

y deja al bardo afligido

descansar en un rincón.

Y en medio del Océano

dame un pedazo de tierra,

y bien provista mi mano

de los frutos que ella encierra,

de Ovidio seré parodia

y espejo de Robinson.

Puerto Rico, 15 junio 1867.

Manuel del Palacio.

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