Un liberal pasado por agua.-En alta mar.(2)

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Un liberal pasado por agua.-En alta mar.(2)

Continuamos compartiendo la obra que escribió el gran poeta Manuel del Palacio durante su destierro en Puerto Rico.

Pueden leer el comienzo de Un liberal pasado por agua aquí.

Como siempre, los comentarios sobre la obra están, extraídos de la magnífica tesis doctoral sobre la obra de Manuel del Palacio realizada por Francisco Javier Voces Ergueta.

En alta mar”. El que el temor o sugestión que suscita al desterrado el viaje en alta mar es motivo central. La preocupación por la travesía llega a hacerle reconsiderar su vivir alocado de los últimos lustros. Ofrece sensaciones muy concretas y se queda en la anécdota. Muy peculiar en el poema es el uso de vocabulario, frases y giros coloquiales.

EN ALTA MAR.

Mar que comencé á admirar

cuando en el paterno hogar

con tu arrullo me adormías,

hoy te vuelvo á saludar:

Que tengas muy buenos días.

No sin temor llego á tí.

que ya tus olas bebí

y con ellas la amargura,

y de tu fondo salí

quizá por mi desventura.

Hoy de una vida cansada

los desperdicios te entrego;

pero, aunque no valen nada,

que no les juegues te ruego

alguna mala pasada.

Acaso tranquilo ayer

de tu abismo en lo profundo

los viera con gran placer;

pero hoy por hoy, en el mundo

me queda un poco que hacer.

Tengo en plazos muy urgentes

que pagar ciertos dineros,

tengo amigos y parientes,

y varias cuentas pendientes

con algunos caballeros.

Y ya que desde el nacer

en vano á la muerte invoco,

cuando me toque caer

ni quiero á nadie deber

ni que me deba tampoco.

Sujeta pues, Oceano,

el empuje soberano

de tus magníficas olas,

y agite el aire liviano

las izadas banderolas.

No hagas que algún tiburón

venga de mi grueso abdomen

á turbar la digestión;

no mezcles á los que comen

y á los que comidos son.

¡Hermosa noche! La luna

sin que una nube importuna

manche su puro reflejo,

da á la azulada laguna

la apariencia de un espejo.

No corre el vapor, que vuela;

su blanca y luciente estela

que á lo lejos se dilata,

parece arroyo de plata

que abre paso á una gacela.

Gimen las auras dormidas

entre las vergas gigantes,

y las lonas recogidas

van en calma suspendidas

sobre las jarcias tirantes.

No se oye mas que el rumor

del hélice que voltea,

ni se ve mas en redor

que el serviola que pasea

desde babor á estribor.

En tanto yo reclinado

sobre el alcázar de popa,

en pensar voy ocupado

si hallaré al volver á Europa

todo aquello que he dejado.

Quizá no exista al tornar

el nido que habité en calma,

quizá tendré que llorar

las soledades del alma,

mas tristes que las del mar.

Acaso el bien que he podido

sembrar en mi juventud,

solo me habrá producido

indiferencia y olvido,

ó desdén ó ingratitud.

Que de la ventura en pos

dos lustros y mas de dos

llevo de correr demente,

y como dice la gente:

de menos nos hizo Dios.

Mas silencio! Los faroles

apagándose ya van

en cámaras y pañoles;

me refugio en mi gabán

como hacen los caracoles.

Mar! te dejo muy tranquilo

mientras bajo la escalera

que me conduce á mi asilo;

ya preparé la litera…

vamos á sudar el quilo.

Golfo de las Damas, mayo de 1861.

Manuel del Palacio.

manueldelpalacio1

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