EL PATIO CRIOLLO

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La ilustración artística. 13 de junio de 1892.

EL PATIO CRIOLLO

 

 Es el jardín del hogar americano tan parecido al patio andaluz, que puede fácilmente confundirse con él.

Cuanto se ha dicho de los hermosos patios de Sevilla, de Granada, de Córdoba y de Cádiz, puede aplicarse á los de las casas criollas.

El patio criollo es el desahogo del aire ambiente que se respira en las casas porteñas. En él se reunen las familias y los amigos íntimos para disfrutar de una temperatura más agradable, saturada de las esencias que se desprenden de las flores y los pequeños arbustos que llena el patio.

Allí se constituye la tertulia al aire libre; se forma el salón que tiene por techumbre el rico cielo sudamericano, de un limpio y hermosísimo azul, dilatado, inmenso, formando un manto de lucientes estrellas que brillan con poder tropical, arrojando sobre la vivienda argentina la pálida y plateada luz de la luna que se encuentra á las veces con la intensa y brillante lumbre que arrojan de sus ojos las porteñas (1)

El patio criollo tiene un encanto inexplicable que predispone el ánimo á sentir bien y la imaginación á ver cuadros y paisajes de fantasía, colores tenues, sensaciones suaves que parecen imperceptibles y llegan al alma.

El patio criollo es el nocturno de las auras del Plata, la nota más saliente de las armonías de la vida porteña, el paréntesis de bienestar y de reposo en acción más agradable que darse puede.

Como arte natural no hay nada más bello; cualquier grupo mirado en el patio criollo tiene su indiscutible interés, cualquier silueta parece hermosa, cualquier figura resulta llena de encanto extraordinario, por el relieve que aquel sitio tan delicado le da sombreado por las luces del cielo y el verdor de las plantas.

Y tan positiva y real es la belleza verdaderamente admirable de aquel conjunto, tan dominante y atrayente, que sin darse uno cuenta, fijando en cualquier detalle la vista, la separamos de la persona que nos escucha y que nos mira y tenemos enfrente ó se halla á nuestro lado. La velada se pasa rápidamente, como por un verdadero encanto, entre cuatro frases animadas que se dicen allí siempre con más fruición y mayor efecto que en otra parte. Todo el mundo se encuentra en buena disposición de espíritu. No hay más que dejarse llevar por las impresiones que se reciben, saturadas de la poesía de la noche, que nos hace partícipes de sus mágicos y maravillosos efluvios.

Una hermosa noche es una pila de Volta inmensa que comunica su fuerza á la imaginación de los que se identifican con ella admirándola en sus grandezas.

Una noche hermosa electriza, ya se disfrute de ella en campo abierto, ya en un bote que surque un riachuelo, llenas ambas orillas de plantas cuyas hojas lleguen hasta los remos, ya en alta mar en medio de las olas majestuosas del Océano; y no se diga nada si el lugar de la escena es un patio criollo, sintiendo de cerca la respiración contenida de una mujer impresionada insensiblemente, sin apercibirse, por el espectáculo que presencia, y únase á esto, que bien frecuentemente sucede, que pueda estarlo al mismo tiempo por algún alerta que haya dado en su pecho cualquier Cupido. Como el andaluz, el patio criollo es oriental puro; como la guitarra que en los de las casas del pueblo se oye, acompañando algún cielito, alguna milonga ó cualquier otro canto del país, no menos árabe tampoco.

Es el patio del africano reformado, pero con algo de él en su esencia; como el hijo del país, conserva unido á la porción de sangre española, que corre por las venas de la mayor parte de ellos, el fuego, la viveza y el valor de los árabes que aman á la mujer y al caballo, y tan cumplidos caballeros son á pie los americanos, como diestros y bravos en la pelea sobre un caballo trotador que no pareciera sino que se moviese con alas.

En el patio criollo se reflejan meridionalismo con todas sus indolencias y sus seductoras molicies, con su atmósfera recargada de perfumes, de aroma de rosas desprendido de pechos ardientes, de espiritualismos de palabra y de acción, y ¿por qué no decirlo, si así pueden llamarse?, de espiritualismos de movimientos, de aires y donaires femeninos, quedarían algo por sorprender los pinceles de los más inspirados artistas.

El patio criollo, con las hijas de Buenos Aires sentadas en él, buscando fresco en el verano, es la antesala del paraíso, con la única diferencia de que allí sólo había una Eva, sin la adorable coquetería de la mujer sud-americana.

(1)-Así se llama la hija de Buenos Aires.

P. SAÑUDO AUTRAN

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Un pensamiento en “EL PATIO CRIOLLO

  1. Mayte Dalianegra

    Ciertamente, esos patios criollos, que tan bien retratas en tu hermoso cuento (que me ha gustado mucho), tienen una innegable semejanza con los patios andaluces. Pude constatarlo personalmente durante algunos de mis viajes, en los que visité varias ciudades coloniales latinoamericanas(preciosos los de Antigua Guatemala). Son herederos de los patios andaluces, y éstos lo son de los árabes, los cuales, a su vez, recrean el peristilo de las domūs romanas.

    Saludos, Francisco, y disfruta mucho del fin de semana, a poder ser en alguno de esos patios que son la imagen de un paraíso recobrado.

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